martes, 3 de noviembre de 2015

Siempre en noviembre, siempre.

Hay días y días, y hoy es uno de esos días. Te despiertas y no te apetece salir de la cama pero al final te acabas levantando. A deshora, por supuesto. Los días (o la vida misma) están vacíos, sin rumbo y un frío que cala los huesos. 
Es increíble como se desmorona todo en cuestión de días, instantes. Y ahí es cuando viene el problema... Sentirse incapaz de poder seguir adelante, "refugiarse" en un mundo interior caótico que es más malo que bueno y perder la poca cordura que queda.
Habrá gente que te seque las lágrimas, que te abrace cuando más lo necesitas y que te diga las cosas como son. Pero ¿y qué? Al final solo uno mismo sabe realmente lo que siente. Y sentirse solo es jodido. 

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